¿Por qué unas carillas pueden cambiar mucho más que tu sonrisa?
Muchas veces nos acostumbramos a cosas de nuestro cuerpo que no están bien. Pasa con una pierna que duele, un párpado que es diferente al otro, un diente quebrado o un diente de otro color. Con el tiempo aprendemos a vivir con eso y, en lugar de hacer algo para cambiarlo, simplemente lo ignoramos.
Nos decimos así soy o Todos somos diferentes. Sí, todos somos diferentes, pero eso no significa que tengamos que conformarnos con algo que nos hace sentir incómodos. Lo curioso es que muchas veces ni siquiera nos damos cuenta de cuánto nos está limitando. Sonreímos con la boca cerrada, evitamos salir en las fotos o aprendemos a hablar sin mostrar mucho los dientes. Lo hacemos tan automático que dejamos de notarlo.
Te voy a contar lo que me pasó a mí cuando me hice mis carillas dentales.
Ya tenía muchos años de ser odontóloga y mi sonrisa estaba desalineada. La ortodoncia no era una opción para mi caso porque me sobraba espacio entre algunos dientes y, aun con el tratamiento, esos espacios no iban a desaparecer por completo.
Un día asistí a un curso de estética dental.
Yo iba con la ilusión de aprender, nunca imaginé que terminaría siendo la paciente del curso. De todas las personas que estábamos ahí, el doctor me escogió a mí para hacer un diseño de sonrisa con carillas dentales.
No sabía cuánto me hacía falta hasta que lo viví. No me había dado cuenta de cuánto me limitaba mi sonrisa porque ya me había acostumbrado. Me repetía a mí misma: "Mis dientes están sanos, estoy bien." Y era cierto, estaban sanos, pero no reflejaban la armonía que yo quería ni me daban la seguridad con la que hoy sonrío.
Con el tiempo entendí algo muy importante: uno puede acostumbrarse a vivir con algo que le incomoda, hasta que un día lo cambia y descubre todo lo que se estaba perdiendo.
Por eso, cuando alguien me pregunta si unas carillas solo cambian los dientes, mi respuesta es no.
En muchas personas cambian algo mucho más importante: la confianza para volver a sonreír sin pensarlo.
Y para mí, ese ha sido uno de los mejores regalos que he recibido en mi vida.




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